¿Internet en todos los rincones del mundo?
Podíamos contemplarlo hace bien poco; los primeros anuncios de dispositivos compatibles con las redes 4G LTE nos proponían presentaciones de dichos dispositivos donde el número de los mismos ya resultaba considerable. Por otro lado prácticamente todas las semanas aparecen informaciones relativas al avance constante de este tipo de redes en cuanto a proyección de prestación de servicios. El mercado se mueve y se mueve mucho. Tanto se mueve el mercado que los propios gobiernos de una manera u otra se ven obligados a actuar si no quieren ver como el tren del avance en las comunicaciones les supere de manera evidente.
En este sentido resulta interesante la propuesta lanzada por el actual gobierno de Estados Unidos a través, nada menos, que de la figura de su propio presidente quien aseguró a principios del mes de febrero que su gobiernos trabajaba en un plan cuya finalidad era lograr la conexión de prácticamente el 100% del territorio estadounidense a internet sin cables de alta velocidad.Debemos prestar atención al marco donde se desarrolla el anuncio que no es otro la universidad de una localidad del estado de Michigan donde merced a determinados acuerdos de asociación con marcas comerciales se ha instalado y se halla en pleno funcionamiento una red de banda ancha sin cables basada en la tecnología Wimax.
Los números que este plan presenta son enormes con una inversión prevista cercana a los 20.000 millones de dólares en cinco años de duración que se prevé hasta la aplicación total del servicio y su operatividad. Sin embargo, si escarbamos un poco más en los números veremos cómo el retorno previsto de esta operación puede, según sus impulsores, generar un beneficio después de la inversión cercano a los 10.000 millones de dólares. ¿Cómo es posible? A través de las concesiones de las ondas para su explotación. Es decir las inversiones en redes masivas de conexión a internet sin cables de alta velocidad resultan ser, al menos sobre el papel, un método rentable de inversión y entrada de dinero para los gobiernos.
Sin entrar a discutir la viabilidad de la eficacia real absoluta de estas redes y sobre todo, en el caso de Estados Unidos la posición de las operadoras de televisión, dueñas ahora de las ondas que habrán de utilizarse en este proyecto, si contemplamos la idea no solo como una conexión global de un país a un sistema determinado de acceso a la red, sino como la posibilidad de acceso de los ciudadanos de ese país en condiciones optimas de velocidad a los servicios de internet aun en zonas tradicionalmente de difícil acceso, no podremos menos que contemplar la idea, al menos desde su punto inicial, con buenos ojos.
Sin embargo, números y negocio al margen, resulta fundamental que los gobiernos de cualquier país comprendan, como indicábamos al principio, que no solo internet se mueven en cuanto a contenidos, utilidades, conceptos y usos, sino que el mercado que gravita alrededor de la red se encuentra en un proceso de movimiento imparable. En este proceso de movimiento, además de la regulación, algo que resulta relativamente más sencillo de poner en práctica, es necesaria la comprensión del fenómeno y la aplicación de recetas propias para cada país que, en muy pocos casos podrán ser coincidentes. Estados Unidos propone su receta, tal vez no sea la mejor, tal vez no se la más adecuada o correcta, pero tienen una receta.
La necesidad de proyecto a largo plazo, de la compresión del acceso a Internet como una estructura elemental y básica en los tiempos actuales se torna simplemente imprescindible. No será en ningún caso un camino de futuro aquel que no acompase en la mayor medida de lo posible sus pasos a los pasos del mercado y sus necesidades y movimientos constantes. A diferencia de otros sectores y otras épocas, la demanda y la mejora constante de los servicios van parejas al uso y demanda de los propios usuarios.
Las señales indican que, si aun no lo es al 100%, el acceso en las mejores condiciones a Internet toma el rumbo definitivo de un servicio imprescindible al que los usuarios tienen derecho desde un punto de partida igualitario en el que las diferencias de acceso se marquen por los deseos del usuario y no por las capacidades de las estructuras generales que los proveen.
Nuria Sánchez
Consultoría Web







